Información del autor

Flor Cid

Flor es Licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Complutense de Madrid. Ha desarrollado toda su trayectoria profesional en el ámbito de la consultoría de comunicación y las relaciones públicas. Ha colaborado en el diseño e implementación de programas de comunicación estratégica para clientes como Roland Berger, Grupo Seguriber o el Parque Científico de la Universidad de Valencia. Ha apoyado la organización de eventos para cuentas como FMR-Marilena Ferrari y Hotel Westin. Asimismo, ha colaborado en la gestión y desarrollo de programas de comunicación de crisis para clientes como AIG Europe y en la actualidad forma parte del equipo que está implementando y desarrollando la estrategia comunicación de la nueva etapa de la aseguradora Alico.

Feb10Flor Cid

Un escrito nacido como ensayo escolar que llega muy lejos

Hoy he visto en “Las más leídas” de El Confidencial un artículo que me ha llamado la atención porque trata de cómo un escrito nacido para ser “simplemente” un ensayo escolar (para la clase de ética) de una alumna canadiense de 17 años, ha traspasado barreras, gracias a su temática, contenidos, argumentación,  estructura, e influencia difusora de los medios de comunicación y de las redes sociales.

El artículo trataba de las descargas de contenidos con derecho de autor en Internet. Primero venció el concurso entre los alumnos que se presentaron en clase, después lo publicó un periódico local y, más adelante, los agregadores de noticias, blogs y redes sociales facilitaron y promovieron que alcanzara al resto del país y que llegara a Estados Unidos.

El Confidencial nos ofrece su traducción al castellano, que vemos a continuación. Una muestra más de la influencia de los medios de comunicación y las redes sociales para facilitar y promover el alcance de informaciones y opiniones de interés y máxima actualidad. Este diario digital nos recuerda que en EE.UU. es ilegal compartir y descargar archivos con derechos de autor (en España, por el momento, no lo es).

Ensayo de la alumna Kamal Dhillon:

“Millones de personas, en su mayoría jóvenes aunque no todas, intercambian o descargan archivos. Las corporaciones multinacionales que comercializan este material no están satisfechas con cómo van las cosas. Sus beneficios se ven amenazados y ellos, a su vez, están amenazando con demandar, pidiendo grandes cantidades de dinero a las personas que participan en el intercambio de archivos.

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Yo estoy a favor de compartir archivos y creo que el intercambio de obras registradas con derechos de autor, probablemente produzcan, en general, más bien que mal para la sociedad.

En muchas zonas del mundo, por ejemplo en los Estados Unidos, descargar o compartir este tipo de archivos es ilegal. Todo el mundo sabe que es ilegal descargar películas, juegos y música sin pagar. ¿Por qué, entonces, tantas personas ignoran las leyes de la propiedad intelectual?

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En parte, porque la gente se cuestiona si la ley que lo prohíbe se justifica moralmente. El hecho de que algo sea ilegal no significa que sea necesariamente inmoral. En todo el mundo, los jóvenes se están cuestionando los principios de las leyes que les prohíben compartir esos archivos. Se infringen las leyes de derechos de autor, en parte porque se cree que estas leyes son injustas.

Y no sólo pensamos que las leyes de copyright son injustas, también sabemos que es muy fácil violarlas; y para los jóvenes y los estudiantes con poco dinero, a veces sin fondos, el atractivo de estos métodos, con posibilidades mínimas de ser capturado, es algo demasiado bueno para dejarlo pasar.

Desde un punto de vista práctico, tratar de regular la distribución de estos materiales a través de Internet es un objetivo inalcanzable. No importa cuántas veces se pongan en marcha, los avances tecnológicos desempeñados por los jóvenes hasta la fecha, demuestran que la juventud estará siempre un paso por delante de las autoridades. La industria puede conseguir enjuiciar y castigar a unas pocas personas, pero su éxito será de corta duración. Casi nadie se verá frenado por los procesos jurídicos, porque las posibilidades de ser capturado “infraganti” son mínimas.

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Igual de importante, sin embargo, es que muchos jóvenes crean que es moralmente aceptable compartir música, películas y juegos con los demás. Las reclamaciones de una industria que se enfrenta a la ruina ignora el hecho de que compartir archivos representa también nuevas oportunidades (si fueran suficientemente inteligentes como para verlo). Hace veinte años la industria del cine se opuso a la introducción de los reproductores de vídeo. Fueron muy cortos de miras. Resulta que el vídeo era una de las mejores cosas que le podía suceder a la industria cinematográfica.

Recordemos, también, que una copia descargada no equivale necesariamente a una venta perdida. Gran parte del material que se descarga se aprueba y se elimina posteriormente. Esto no implica que quien haya descargado algo habría estado dispuesto a pagar por ello si no hubiese estado disponible gratis en Internet.

Los internautas están siendo amenazados por aprovecharse de una tecnología innovadora que nos permite disfrutar de la muestra y los medios de comunicación de forma gratuita, pero también estamos contribuyendo a las ventas de todos esos medios a través de métodos alternativos. Una publicación reciente, un estudio de hace tres años sobre el intercambio de música en Internet, concluyó que el 95% de todas las descargas son ilegales. Sin embargo, el negocio de la música digital en todo el mundo creció en un 25% en 2009- el sexto año consecutivo que ha aumentado. Compartir archivos, lejos de destruir la industria, puede salvarla. Y muchos artistas desconocidos tienen ahora al menos alguna  posibilidad de ser escuchados. Lo mismo vale para aquellos que crean películas y juegos.

En Canadá, la descarga de material con derechos de autor para uso personal a través del intercambio, también conocido como peer-to-peer, es legal. Subir ese material a la red, sin embargo, no lo es. La legislación canadiense por lo tanto representa una situación “match-22”. Se permite descargar cuanto sea aunque tenga derechos de autor, pero la persona que lo hace posible subiendo ese material, está violando la ley.

Esto no tiene mucho sentido, sobre todo teniendo en cuenta que Canadá planteó al mismo tiempo un enfoque más realista, junto con al menos 25 países. Me refiero al canon que se les cobra a los consumidores sobre los medios de grabación, tales como iPods, reproductores MP· y soportes vírgenes de grabación de audio como CD-R, en un esfuerzo por compensar a los artistas de los ingresos perdidos debido a la copia privada de los consumidores.

De esta manera, en Canadá se ha dado un paso hacia la búsqueda de un equilibrio razonable entre la protección de los titulares de derechos de autor sin minar la libertad de los consumidores para que descarguen obras con derechos de autor.

Como sociedad, tenemos que recapitular sobre las leyes de derechos de autor. Si yo compro un libro, y se lo presto a un amigo, ¿debe cobrárseme un canon a mí porque ellos han preferido no pagar por el libro? No, porque se considera un uso justo. ¿Qué pasa si en lugar de tener que quedar para prestarle el libro, le permito a mi amigo que se haga una copia para poder tenerlo siempre? Esto se considera una infracción de copyright, aunque las consecuencias de ambas situaciones son prácticamente las mismas. Y en el caso de que decidiera hacer copias del libro, y venderlas: sería una flagrante violación de la ley y considerada como una ladrona. Ningún usuario del P2P está haciendo el dinero con el intercambio de archivos. Ya se trate de un grado de separación o de 1.000, si compartir es moralmente justificable en un caso, ¿por qué no está también justificado en otros casos similares? ¿Qué pasa con los préstamos de un CD o un DVD, o usar PVR? Tan pronto como algo que se lanza en el ámbito público, se considera “compartido”, y si soy capaz de compartir con un amigo, ¿por qué se convierte en malo si lo comparto con muchos?

Alguien crítico podría argumentar que un préstamo es diferente de una copia. Sin embargo, esta afirmación se basa en un mero tecnicismo. Si puedo acceder al material cuando quiera de forma gratuita, ¿qué más da si permanece en mi poder, o con un amigo? Tal vez ese alguien responderá que compartir un objeto físico con un amigo cercano es completamente distinto a colgarlo en Internet para un número indeterminado de extranjeros que tendrán acceso. Pero, ¿es compartiendo archivos realmente la única manera de hacer esto? YouTube permite a los usuarios colocar fragmentos de películas y canciones enteras, para  una audiencia mundial, de forma totalmente gratuita.

La sociedad se ha beneficiado en general de intercambio de archivos. La gente sin mucho dinero ahora puede disfrutar de la música y las películas. Artistas desconocidos han encontrado una audiencia. Artistas famosos todavía hacen mucho dinero de las giras. Y si la industria se adapta, seguramente también se beneficiarán.

Así pues, prohibir el intercambio de archivos nunca funcionará. Además, es injusto, incoherente e irracional.

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